LOS HOMBRES NO LLORAN. ¿O SÍ?

Después de casi un mes de ausencia, va siendo hora de retomar -casi de empezar, pues la interrupción llegó nada más empezar- este blog. Hoy hemos echado el cierre al curso de coaching del que ya he hablado en otras páginas, le hemos puesto la guinda al pastel. Dentro de unas horas me certificaré -eso espero- y comenzaré un nuevo camino. Un nuevo camino con nuevos aprendizajes, nuevas personas que me acompañarán, más sabiduría, más madurez, mayor plenitud.

Pero hoy toca hablar de ese final. Todo en la vida se acaba, y cuando llegan los finales, cuando llegan las despedidas, se producen emociones encontradas. Así es como me he sentido yo hoy. Por un lado, la alegría de haber compartido diez meses de mi vida con personas maravillosas -compañeros y formadores-; la alegría de haber aprendido un montón de cosas que van a contribuir a que mi vida sea más plena, y, por ende, que la de los que me rodean también lo sea; la alegría de haber tenido la oportunidad de conocerme un poco mejor y crecer en muchos aspectos de mi persona.

Por otro lado, la tristeza de la despedida. Una despedida que no será definitiva, pues, como he dicho más arriba, cuento con nuevas personas para continuar mi camino. Pero no deja de ser una despedida. Y las despedidas, habitualmente, van acompañadas de la emoción de la tristeza.

Pero si bien es cierto que había tristeza, las lágrimas derramadas, que han sido muchas, no pertenecían a esa emoción. No al menos las mías. He llorado a moco tendido durante la mañana de hoy, sí. Pero como digo, no eran lágrimas de tristeza. Mi llanto era un llanto desbordante, y lo que se desbordaba era amor y agradecimiento. Creo que las lágrimas tienen diversas funciones, y una de ellas es la de poder expresar de alguna manera lo que no se puede expresar con palabras. Los seres humanos no somos únicamente cognición, sino que somos también cuerpo y emoción. Y es por ello que no sólo nos comunicamos a través del lenguaje oral. Tenemos otros mecanismos, y uno de ellos son las lágrimas.

Mis lágrimas de hoy expresaban todo el amor y todo el agradecimiento que no era capaz de expresar con palabras. Cada lágrima era un te quiero y era un gracias, dirigido a todos y cada uno de mis compañeros y formadores. La alegría que ya no cabía dentro de mi cuerpo, dentro de mi corazón, se desbordaba en forma de lágrimas.

Me resulta imposible describir todo lo que hemos vivido esta mañana en el aula de CIVSEM. Esas miradas, esos abrazos, esas lágrimas compartidas, esas palabras llenas de sentimiento. Era mucho, muchísimo, el amor que se compartía hoy en la que ha sido nuestra casa durante diez meses -y que espero lo siga siendo de aquí en adelante-. No, no es posible describir todo eso de manera que pueda ser comprendido por alguien que no lo haya vivido. Y es que hay cosas que, o se viven, o no pueden ser explicadas.

Dicen algunos que los hombres no lloran. No sé quién inventó esa expresión. Pero los hombres, los hombres de verdad, lloran. Lloran cuando tienen que llorar. Y no se avergüenzan de hacerlo.

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2 comentarios en “LOS HOMBRES NO LLORAN. ¿O SÍ?

  1. Mar

    Alejandro crece cuanto quieras, pero no cambies tu esencia,es un tesoro.
    Estoy feliz de haberte conocido y aprendido de ti. Gracias y todas las lágrimas de amor que ahora mismo manan de mis ojos al leerte y escribirte.

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