LLÁMAME AMIGO

Amistad

¡Qué raro y maravilloso es ese fugaz instante en el que nos damos cuenta de que hemos descubierto un amigo! William Rotsler.

Hace tiempo, cuando escribía en La Belleza, hablé en un artículo sobre mi infancia. En concreto, sobre cómo aprendí a esconderme de la gente, porque, para mí, la gente “era mala”. Así lo describía en aquel artículo:

Yo de pequeño era un niño muy tímido, y eso fue aprovechado por muchos otros niños para hacerme daño. Se metían conmigo, me hacían la vida imposible. Yo sufría mucho, no entendía por qué yo no podía ser aceptado como los demás. Y aquello hacía que me fuera encerrando en mí mismo, hacía que me fuera creando una coraza para protegerme de los demás. Por culpa de aquellas experiencias aprendí que la gente era mala y había que protegerse de ella. Aprendí a esconderme, a no exponerme, a vivir en mi propio mundo. Yo no podía confiar en los demás (excepto en mi familia y otras pocas personas muy próximas), para mí la gente era sinónimo de dolor. Y así fui creciendo, y así fueron pasando los años. Pero claro, yo no era feliz. Hasta que un día, no muy lejano, por cierto, me decidí a romper el cascarón. No fue nada fácil, y aún hoy a veces me cuesta. Pero en cuanto decidí abrirme al mundo, empecé a recibir lo que yo daba multiplicado por infinito. Empecé a recibir amor incondicional, empecé a sentirme querido por personas muy diferentes a mí simplemente por ser quien yo soy. La satisfacción era -es- tan grande, que compensa con creces todo el dolor que pude sufrir a lo largo de mi vida. Hoy sé que quizá aparezcan personas que traicionen mi confianza; sé que tendré que sufrir, que me romperán de nuevo el corazón. Pero sé también que ser feliz en esta vida pasa por eso, por aceptar que ese dolor forma parte de ella, y que esconder el corazón tras una coraza no es, al menos para mí, una opción. No existe la vida sin dolor. Lo importante es lo que tú decidas hacer con ese dolor.

Aquello ha venido hoy a mi memoria, después explicaré por qué. El caso es que, si de niño aprendí que la gente era mala, en los últimos años estoy aprendiendo todo lo contrario. Y si aquel aprendizaje me causaba dolor, este nuevo me llena de alegría, me hace más pleno, incrementa mi felicidad.

Ahora disfruto conociendo gente nueva, y disfruto el doble cuando a esa gente que conozco puedo incorporarla a mi círculo de amistades. No todas las personas que pasan por la vida de uno acaban siendo amigos, algunas se quedan por el camino. Porque la amistad es algo que implica tiempo, implica esfuerzo, dedicación, sacrificio… El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante, dice sabiamente El Principito. Algo que puede comenzar de la manera más inesperada (porque se comparte una afición, un interés por algo, o, simplemente, el placer de estar juntos), y que luego ha de trabajarse en el tiempo. Pienso que la palabra amistad es algo muy serio, y que no se debe frivolizar con ella. A menudo llamamos amigos a simples conocidos.

La amistad dura hasta el final. El resto, son etapas en el pasado. Modestia aparte.

Decía que, si bien antes me protegía de la gente, ahora me gusta conocer nuevas personas. No es que me haya convertido en un relaciones públicas, ni que haya dejado de apreciar mis momentos de soledad, que me siguen siendo tan necesarios. Pero ahora valoro de una forma que antes no lo hacía las relaciones sociales. Y soy feliz cuando me encuentro -y aquí viene la explicación de por qué el texto que compartía antes vino a mi memoria- con personas con las que creo que puedo llegar a tener una bonita amistad. Soy feliz descubriendo a esa nueva persona, y siento la necesidad de compartir esa necesidad. De pronto, alguien que yo ni siquiera sabía que existía, aparece en mi vida. Y resulta que ese alguien tiene aficiones e intereses similares a los míos. Y entonces la palabra amistad comienza a planear por mi mente. Y me acuerdo de aquel otro pasaje de “El Principito”: No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo lo hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas. Aristóteles.

En eso, entre otras cosas, consiste la amistad. En que alguien, que antes no significaba nada para mí, empieza a ser importante. Además, y esa es otra de las características de la amistad, seré feliz compartiendo mi felicidad con los que ya eran mis amigos, y estaré deseando que ellos conozcan a esa nueva persona.

En un mundo tan individualista como el nuestro, la amistad vale aún más si cabe. No es baladí la frase “quien tiene un amigo tiene un tesoro”. Y no es fácil hacer amigos. Es esa otra de las razones por las que me siento feliz al conocer a alguien que pienso puede llegar a formar parte de mis amigos. Quizá también el haber vivido tantos años protegiéndome de la gente me esté ayudando ahora a valorar más las amistades.

Doy gracias a Dios por las personas que en los dos últimos años han ido llegando a mi vida. Y por las que en este comienzo de año siguen llegando. Algunas pasarán de puntillas, pero otras se quedarán para siempre. Y esas personas serán para mí únicas en el mundo, al tiempo que yo seré responsable para siempre de lo que he domesticado (una vez más cito al Principito).

No quiero terminar mi artículo sin presentaros el blog de la que, espero, acabe siendo amiga. La conocí ayer, y es una de esas personas por las que surgen todos esos sentimientos de alegría que he tratado de describir en estas líneas. Una persona de conversación interesante y alma grande, una mujer de mirada limpia y corazón inquieto. Además de una bella voz, como podéis comprobar en el enlace que he dejado más arriba. Os dejo con Macu Gavilán.

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8 comentarios en “LLÁMAME AMIGO

  1. Carmen

    Que bonito escribes Alejandro. Dicen que más vale tarde que nunca y a ti te está llegando todo lo que has sembrado, lo que está dentro de ti, y ni imaginas lo que queda por llegar! No cambies por favor. Besos.

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  2. Vanessa

    Que bonito lo que pones sobre Macu. Y muy acertada tu descripción: con la mirada limpia y el alma grande. Es verdad, así es.
    Me da gusto coincidir con gente que es capaz de apreciar la belleza en los otros y cultivar la amistad.

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    1. Gracias por tu comentario, Vanessa. El día que escribí eso acababa de conocer a Macu. Eran mis primeras impresiones, pero creo -y tú me lo confirmas- que no me equivoco. También creo haber encontrado a la que será una gran amiga. Gracias de nuevo, el gusto es también mío 😉

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