LIBERTAD Y VERDAD

cristal

En el mundo moderno, la libertad es lo contrario de la realidad; pero es, sin embargo, su ideal. G.K. Chesterton.

¿Qué piensas de la libertad? ¿Y de la verdad? No sé si estarás de acuerdo conmigo, pero tengo la impresión de que el primer concepto está supervalorado -hipertrofiado en muchos casos- y el segundo minusvalorado. Nuestro mundo ensalza la libertad como un bien supremo, como algo sagrado, como el bien por excelencia. Mientras que huye de la verdad, declarando que ésta no existe, que es relativa. Vivimos en el mundo del relativismo, en un mundo en el que todo depende del cristal a través del que se mire.

Sin embargo, yo creo que para que la libertad sea posible es necesaria la verdad. La verdad, en el sentido de que existe el bien y existe el mal. De que hay cosas que están bien y otras no lo están. Algunas de ellas están muy claras. Todos -o al menos la inmensa mayoría- estamos de acuerdo en que cortar cabezas para imponer una religión no está bien. Pero hay cosas que no están tan claras, o, al menos, el consenso no es tan amplio. Entonces, en lugar de buscar la verdad, se suele mirar para otro lado. Preferimos no complicarnos la vida, no “mojarnos”, no buscar esa verdad, no vaya a ser que si la encontramos se nos complique la vida. Que cada cual piense lo que quiera, decimos. Al fin y al cabo, en eso consiste la libertad. ¿O no?

Aquel que duda y no investiga, se torna no sólo infeliz sino también injusto. Pascal

Pues yo creo que no, que la libertad no es eso. La libertad no puede consistir en hacer lo que a uno le venga en gana. Porque si es eso, bien hacen los terroristas del Ejército Islámico en cortar cabezas a diestro y siniestro. Al fin y al cabo, son libres para ello. Es la forma que tienen de imponer “su” verdad. Pero resulta que, según yo lo veo, la libertad no puede ser un fin en sí misma. La libertad no puede ser un valor supremo, un valor absoluto. La libertad es un bien que debe estar subordinado a la verdad. Y si no se le añade un “para qué” (un “para qué” justo y bueno), se convierte en, en el mejor de los casos, en una palabra sin sentido, y, en el peor, en un salvoconducto para sembrar el terror.

La libertad debe estar informada por la verdad. No puede, no debe, haber una libertad para ofender, para enviscar odios, para jalear pasiones; no puede haber una libertad para ultrajar la fe del prójimo y blasfemar contra Dios. Si la libertad se utiliza para eso se está haciendo un mal uso de ella, se está prostituyendo. Deja de ser libertad.

Soy coach ontológico, y en mi formación se me ha enseñado que vivimos en mundos interpretativos. Eso quiere decir que la realidad no es de una determinada manera, sino que es como yo la veo, como yo la interpreto. Eso permite abrir espacios de convivencia, permite que si el otro no piensa como yo, yo no lo demonice, yo no me crea superior a él. Pero este concepto de la realidad no está reñido con el concepto de verdad.

La conciencia es el mejor libro moral que tenemos. Pascal.

El mundo, el planeta Tierra, se rige por unas leyes naturales. Los hombres que lo habitamos, además de a esas leyes naturales, estamos sometidos también a determinadas normas de convivencia. Dentro de esas normas de convivencia, no lo niego, puede haber algunas que sean injustas. Pero todo ser humano lleva impreso en su corazón el concepto de lo que es bueno, de lo que es verdadero, de lo que es bello. No todo vale, y para conocer esto no es necesario estudiar, no es necesario ser ningún erudito, no es necesario ir a la Universidad. Lo llevamos impreso en la conciencia. A eso me refiero cuando hablo de verdad. Eso sí, en no pocas ocasiones se hace difícil discernir. Pero cuando ese discernimiento entre el bien y el mal se torna complicado, no vale lavarse las manos. No vale mirar para otro lado. Entonces sí, hace falta estudiar, hace falta buscar. Como decía Machado, “¿Tu verdad? No, la Verdad;/y ven conmigo a buscarla./La tuya, guárdatela”.

La libertad significa responsabilidad; por eso, la mayoría de los hombres le tiene tanto miedo. George Bernard Shaw

Lo que sí es necesario es hacerse responsable. No mirar para otro lado, no acallar esa conciencia cuando nos dice que estamos haciendo algo que va contra la verdad universal, no caer en el relativismo que nos dicta nuestra sociedad hedonista y materialista y pensar que todo vale, que todo está bien. No absolutizar el concepto de libertad.

Que vivamos en mundos interpretativos no significa que todo esté bien. Significa, según yo lo entiendo, que, dentro de una serie de parámetros, dentro de eso que llamamos verdad, pueden existir diferentes formas de ver y hacer las cosas. Y todas esas formas están bien, no son mejores unas que otras. Pero cuando nos salimos de esos parámetros, la cosa cambia. Si decido que, para hacer proselitismo de mi fe, tengo derecho a cortarle la cabeza al prójimo, entonces ya me estoy saliendo de las “normas de juego”. Ya no tiene nada que ver con los mundos interpretativos… ni con la libertad. Porque cortarle la cabeza al prójimo no es bueno, ni es bello.

Los actos tienen consecuencias. Y cuando las consecuencias de esos actos atentan contra el prójimo, o, de alguna manera, degradan a la persona, no puede hablarse de libertad. Cuando decido no querer ser responsable de mis actos, no estoy actuando con libertad, porque no estoy siendo verdadero.

Bien y belleza. Verdad. Conceptos necesarios para que pueda existir la libertad. ¿Qué opinas?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s