¡¡¡Alegría!!!

La mitad de la alegría reside en hablar de ella. Proverbio persa.

Ayer hice un pequeño experimento con el que me divertí mucho. Mandé, a algunos de mis contactos y grupos de whatsapp, un mensaje: ¡¡¡Alegría!!! Así, sin más. Sin ninguna explicación. Lo mandé, y esperé. Las respuestas fueron variadas. Una ha llegado esta mañana y me ha gustado muchísimo: ¡¡¡Entusiasmo!!! Hubo quien me respondió con emoticonos de estrellitas y soles, gitanas bailando, caras sonriendo, flores y besos, aplausos… No sólo recibí respuestas gráficas. ¡¡¡Alegría!!!, seguida de risas fue otra de las respuestas; qué pasa, ¿cosas de “coacher”? otra; me alegro de que estés alegre, me decía alguien; para todos, rezaba otro mensaje. Pero la mayoría… la mayoría no entendía nada. Muchos mensajes preguntando que qué pasaba, a qué se debía tanta alegría, interrogantes… También muchas “no respuestas”, gente que leyó mi mensaje y prefirió no responder.

El experimento me hizo pasar un buen rato. Era entusiasmante ir recibiendo respuestas, imaginar las caras de las personas al leer mi mensaje, adivinar qué pensarían… También fue divertido compartirlo con una amiga. Ella fue la primera en contestar, y, rápidamente, supo de qué iba la cosa. Pero el ensayo iba un poco más allá de pasar un buen rato.

¿Qué nos pasa con la alegría? Como digo, la mayoría de las respuestas fueron de interrogación. ¿Por qué? ¿Qué ha pasado? ¿Te han subido el sueldo? ¿Te has echado novia? ¿Te ha tocado la lotería? ¿Has encontrado un nuevo trabajo? ¿Has tenido un hijo? ¿Te has casado? No son preguntas que me hicieron a raíz de mi mensaje, pero son preguntas que cualquiera podríamos haber hecho a alguien que nos manda un mensaje como el que yo mandé. Yo mismo, si hubiera recibido un mensaje así, probablemente me habría preguntado, “¿por qué?”. Repito: ¿qué nos pasa con la alegría?

¿Por qué hay que tener un motivo “especial” para estar alegres? ¿No es ya la vida misma un motivo de sobra para estarlo? Es más, si miramos a nuestro alrededor, ¿no podemos encontrar un millón de razones para encontrar esa alegría que yo ayer traté de transmitir a través de un simple whatsapp? Pero no. Nos hemos educado en una sociedad que castra la alegría. Suena fuerte, ¿verdad? Pero es así. Y si no, pensad un poco. Imaginaos una reunión de trabajo. Caras serias, gestos de gravedad. ¿Qué pasa si alguien se ríe? ¡O simplemente sonríe! El resto le miraría con recelo y con sospecha. ¿Qué le pasa a este? ¿No se da cuenta de que esto es un asunto serio? ¿A qué viene esa cara? ¿Es que está de broma?

Y eso ocurre en todos los ámbitos de nuestra sociedad. La alegría está reservada para momentos concretos, y ha de haber un motivo señalado para expresarla. Al que se salga de ahí se le mira raro. Este se ha fumao algo. Mírale, qué frívolo. Siempre sonriendo. ¡Pura fachada! Seguro que por dentro está hecho polvo. Nada, déjale, seguro que no está bien de la cabeza.

Parece que exagero, pero… Probad a hacer lo mismo que hice yo ayer. Mandad el mismo mensaje, a no menos de veinte personas. A ver qué pasa. También podéis experimentar de otras formas que se os ocurran. Basta con echarle un poco de imaginación. Por ejemplo, esbozar la mejor de vuestras sonrisas en un ambiente en el que esté todo el mundo serio. Mejor aún, si os atrevéis, soltad una buena carcajada. Y luego me contáis qué paso.

Hay muchos motivos para estar alegres, sí. Y el mejor es estar vivo. Pero voy más allá. La alegría se puede “provocar”. Somos seres autónomos, capaces de influir en nuestras emociones. No se trata de negar la tristeza (otra emoción castrada, pero de ella hablaremos otro día). La tristeza también es buena, y necesaria. No se trata de negarla… pero tampoco de permanecer en ella por tiempo indefinido. Todos tenemos el poder de salir de ahí (no sólo de la tristeza, también, por ejemplo, de la rabia) y entrar en la alegría. Basta con traer un pensamiento positivo, algo, por ejemplo, que nos haya hecho reír en el pasado. O cambiar la postura de nuestro cuerpo. El cuerpo tiene un grandísimo poder sobre las emociones. Si estás triste ponte a bailar, y ya verás qué rápido sales de esa tristeza y te pones alegre. O escucha una música que para ti signifique alegría. Dite palabras alegres. Fuerza la risa hasta que ésta sea natural. Busca a alguien que te necesite y ofrécele tu compañía.

Son sólo algunos ejemplos. Hay cientos de cosas que podemos hacer para estar alegres. El lenguaje, por ejemplo, es una herramienta poderosísima para conseguirlo. Ya hablaremos de ello. Y no, no hace falta que haya pasado nada, no es necesario un motivo especial para estarlo. Ayer, antes de mandar mi mensaje, no estaba especialmente alegre. Tampoco triste. Simplemente, mi estado era neutro. En cuanto lo mandé… la alegría entró en mí como si la hubiera llamado a gritos (en realidad es lo que hice). Y lo mejor es que… ¡no me abandonó en toda la tarde! Me fui a trabajar, y lo hice más a gusto que nunca. Porque además, la emoción de la alegría hace que el cuerpo segregue dopamina y serotonina, dos hormonas que producen aún más alegría. Y si logramos prolongar ese estado, empiezan a establecerse en el cerebro conexiones neuronales nuevas que nos hacen sentir mejor. Eso, a largo plazo, alarga nuestra vida y hace que sea de mayor calidad.

Lo de ayer era también un pequeño regalo. ¿Por qué? ¡Porque sí! ¿Acaso tiene que haber un motivo especial para hacer regalos a la gente que aprecias? Ese es otro, a mi entender erróneo, de los conceptos que tenemos estereotipados: es necesario que se dé una ocasión especial (por ejemplo un cumpleaños), para hacer regalos. ¿Por qué no hacerlos, simplemente, porque sí? No hace falta que sean regalos caros. Es más, no hay que gastarse ni un sólo euro. Un mensaje de texto, un post-it escondido en algún sitio, una nota en el espejo del baño, una palabra amable inesperada, una llamada de teléfono… Sólo hay que echarle un poco de imaginación. ¡Y eso es también motivo de alegría!

Como ves, la alegría no trae más que ventajas a nuestra vida. ¡Y no hace falta ningún motivo especial para vivirla! ¿Te atreves a probar?

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Mireia y el lenguaje positivo

Cualquier cosa que la mente del hombre puede concebir y creer, puede ser conseguida. Napoleon Hill

Una de mis lecturas veraniegas está siendo “La ciencia del lenguaje positivo“, de Luis Castellanos y sus colaboradores de “El jardín de Junio“. Un libro que me va a dar para varios artículos. Un libro de esos que es bueno leer con un lápiz para ir subrayando y un papel al lado para ir anotando. Un libro para llevar a la práctica e integrar en la vida diaria.

Tanto me estoy metiendo en esta lectura, tanto me está impactando, que, cuando no estoy leyendo, estoy buscando ejemplos que refrenden lo que los autores del libro me cuentan. Y un ejemplo muy cercano en el tiempo es el oro de Mireia Belmonte en los 200 mariposa, en Río de Janeiro.

Mireia, según Fred Vergnoux, su entrenador, no es la más talentosa de los nadadores españoles. “Siempre he dicho que hay mejores talentos“, afirma Vergnoux. Entonces… ¿cómo obtiene los resultados que obtiene? El oro de Río no es más que otro paso de su gran carrera como nadadora. El éxito está en horas y horas de entrenamiento. Pero también está en creérselo. Y ese creérselo se consigue a través del lenguaje. Mediante el lenguaje, cuenta Luis Castellanos en “La ciencia del lenguaje positivo”, podemos transformar nuestras emociones. Y eso es lo que hace Mireia. Crea emociones posibilitadoras, que acaban llevándola a lo más alto, superando a deportistas más talentosas que ella.

“¡Esta tía está loca! ¡Está loca! Ha dicho lo que iba a hacer, ha salido a la piscina y lo ha hecho”. Son palabras de Vergnoux. Mireia, antes de saltar al agua, dijo que iba a ganar el oro. Preparó, mentalmente, y a través del lenguaje, la carrera. No hubiera sido lo mismo si no lo hubiera dicho. Si hubiera dicho que la australiana que quedó segunda era mejor que ella, pero que aun así lo intentaría, probablemente el resultado hubiera sido otro. Pero Mireia dijo que iba a ganar. Creó el clima emocional necesario, a través del lenguaje, para conseguirlo. Y vaya si lo consiguió.

Cuenta también Vergnoux que esa mañana se retiraron a entrenar a una piscina solitaria, alejada del centro acuático. “Lo pasamos bien. Bromeamos mucho en la comida. Me hizo llorar de risa”. Una muestra más de la emoción que acompañaba a Mireia.

Todos, dentro de nuestro ámbito, de nuestras circunstancias, podemos alcanzar el éxito, podemos obtener logros importantes, podemos conseguir aquello que nos propongamos. El lenguaje es un importantísimo aliado con el que contamos, y que a menudo despreciamos. El lenguaje transforma emociones, y las emociones, cuando son positivas, nos predisponen a lo mejor.

No es algo filosófico, no es un concepto etéreo. Es neurociencia. Hay emociones que ponen en marcha en el cuerpo mecanismos que nos ayudan a superar los obstáculos más insuperables. De todo ello habla el libro que mencionaba al principio, y de todo ello seguiré hablando en futuros artículos. Mientras tanto, te invito a analizar cómo es tu lenguaje. ¿Qué te dices? ¿Qué les dices a los demás? ¿Te das cuenta de cómo influye en tu vida? Piénsalo.

Pequeños cambios

La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos. Marco Aurelio.

Estos días atrás he recurrido varias veces a mi antiguo blog, “La Belleza”. Lo he echado de menos. Entonces me he preguntado, ¿son incompatibles “La Belleza” y “El Sueño del Héroe”? La respuesta es que no, no lo son. Entonces, ¿qué puedo hacer? Podría reabrir “La Belleza”, pero eso supondría más trabajo de mantenimiento y cierta dispersión. Pero lo que sí puedo hacer es ampliar los temas de este blog, de “El Sueño del Héroe”. Cerré un blog y empecé otro con el fin de abrirme camino en el mundo del coaching y del crecimiento personal. Sin embargo, el tipo de artículos que escribía en “La Belleza” tienen mucho que ver con ese crecimiento personal. Al fin y al cabo, escribía historias bellas, cosas que, bajo mi punto de vista, podían contribuir a crear un mundo mejor.

Por tanto, a partir de ahora, ampliaré en cierta medida el rango de temas sobre los que escribiré en este blog. Seguiré escribiendo sobre coaching y crecimiento personal, y, además, escribiré historias que me resulten inspiradoras. Historias que encuentre por Internet, o en los libros, en el cine, o que alguien me cuente… e historias que yo mismo pueda inventar, en forma de relatos, poemas (este género lo tengo menos cultivado), etc. Al fin y al cabo se trata de sonreír a la vida, y así convertirla en algo más pleno, más alegre, más feliz, más amoroso.

Seguimos adelante. ¿Me acompañas?

How long will I love you?

Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando. Rabindranath Tagore.

Una tarde de verano cualquiera, menos calurosa que otras, eso sí, me viene a la cabeza esta maravillosa película y esta fantástica canción. La escucho y le doy a repetir. Una vez. Dos. Tres. Y, mentalmente, me pongo a escribir.

De pronto pienso… ¿por qué escribir mentalmente? ¿Por qué guardártelo para ti? ¿Y si trasladas tus pensamientos al blog? Pero… ¿qué tiene que ver esto con la temática de mi blog? ¿Realmente tiene algo que ver? Pues mira, sí. Si de perseguir sueños se trata, ¿qué sueño más grande que el amor?

Así que… dicho y hecho, aquí estoy, delante del ordenador, tecleando sin saber muy bien de qué voy a hablar. No suele ser así. Normalmente elijo un tema, lo esbozo, incluso escribo algunas notas a mano, y, una vez que sé de qué voy a hablar, enciendo el ordenador. Hoy, simplemente escribo mientras escucho una canción y recuerdo algunas escenas de una película.

¿Cuánto tiempo te amaré? Es lo que dice el título del tema principal de la banda sonora. ¿Cuánto tiempo te amaré? Siempre que las estrellas estén encima de ti y más si puedo. ¿Por qué no? ¿Por qué no amar para siempre? ¿Tan difícil es? Sí, es difícil. Hay que saltar obstáculos, derribar muros, superar tristezas y días malos, hay que sobreponerse y levantarse una y mil veces, hay que volverse a enamorar un día y otro y otro más, hay que calmar tempestades, vencer rutinas, batallar contra el aburrimiento, acabar con el tedio… Pero sobre todo, hay que elegir. Y renunciar. Porque lo uno implica lo otro. Te elijo a ti, y renuncio a las demás, a los demás. Y si se me cruza aquella compañera de trabajo que está tan buena (perdóneseme la expresión)… recuerdo que eres tú a quien elegí. Es difícil, sí. Pero… ¿qué tiene de malo lo difícil? Y… estoy convencido de que merece la alegría intentarlo.

Muchas veces he escrito sobre este tema, y quizá te resulte, a ti que me lees, algo repetitivo. Pero… es lo que hoy ha venido a mi mente, y de ahí ha bajado a mi corazón. Quizá escriba sobre ello porque anhelo encontrar a esa persona por la que dar mi vida. Quizá escriba tanto sobre el amor porque es lo que me mueve, porque es lo que hace que me levante cada día aunque a veces las circunstancias no acompañen. Quizá escriba sobre el amor… porque el corazón me dice que escriba sobre el amor.

How long will I love you? Hasta el infinito y más allá.