Mireia y el lenguaje positivo

Cualquier cosa que la mente del hombre puede concebir y creer, puede ser conseguida. Napoleon Hill

Una de mis lecturas veraniegas está siendo “La ciencia del lenguaje positivo“, de Luis Castellanos y sus colaboradores de “El jardín de Junio“. Un libro que me va a dar para varios artículos. Un libro de esos que es bueno leer con un lápiz para ir subrayando y un papel al lado para ir anotando. Un libro para llevar a la práctica e integrar en la vida diaria.

Tanto me estoy metiendo en esta lectura, tanto me está impactando, que, cuando no estoy leyendo, estoy buscando ejemplos que refrenden lo que los autores del libro me cuentan. Y un ejemplo muy cercano en el tiempo es el oro de Mireia Belmonte en los 200 mariposa, en Río de Janeiro.

Mireia, según Fred Vergnoux, su entrenador, no es la más talentosa de los nadadores españoles. “Siempre he dicho que hay mejores talentos“, afirma Vergnoux. Entonces… ¿cómo obtiene los resultados que obtiene? El oro de Río no es más que otro paso de su gran carrera como nadadora. El éxito está en horas y horas de entrenamiento. Pero también está en creérselo. Y ese creérselo se consigue a través del lenguaje. Mediante el lenguaje, cuenta Luis Castellanos en “La ciencia del lenguaje positivo”, podemos transformar nuestras emociones. Y eso es lo que hace Mireia. Crea emociones posibilitadoras, que acaban llevándola a lo más alto, superando a deportistas más talentosas que ella.

“¡Esta tía está loca! ¡Está loca! Ha dicho lo que iba a hacer, ha salido a la piscina y lo ha hecho”. Son palabras de Vergnoux. Mireia, antes de saltar al agua, dijo que iba a ganar el oro. Preparó, mentalmente, y a través del lenguaje, la carrera. No hubiera sido lo mismo si no lo hubiera dicho. Si hubiera dicho que la australiana que quedó segunda era mejor que ella, pero que aun así lo intentaría, probablemente el resultado hubiera sido otro. Pero Mireia dijo que iba a ganar. Creó el clima emocional necesario, a través del lenguaje, para conseguirlo. Y vaya si lo consiguió.

Cuenta también Vergnoux que esa mañana se retiraron a entrenar a una piscina solitaria, alejada del centro acuático. “Lo pasamos bien. Bromeamos mucho en la comida. Me hizo llorar de risa”. Una muestra más de la emoción que acompañaba a Mireia.

Todos, dentro de nuestro ámbito, de nuestras circunstancias, podemos alcanzar el éxito, podemos obtener logros importantes, podemos conseguir aquello que nos propongamos. El lenguaje es un importantísimo aliado con el que contamos, y que a menudo despreciamos. El lenguaje transforma emociones, y las emociones, cuando son positivas, nos predisponen a lo mejor.

No es algo filosófico, no es un concepto etéreo. Es neurociencia. Hay emociones que ponen en marcha en el cuerpo mecanismos que nos ayudan a superar los obstáculos más insuperables. De todo ello habla el libro que mencionaba al principio, y de todo ello seguiré hablando en futuros artículos. Mientras tanto, te invito a analizar cómo es tu lenguaje. ¿Qué te dices? ¿Qué les dices a los demás? ¿Te das cuenta de cómo influye en tu vida? Piénsalo.

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