La humildad de los jefes

Llegar juntos es el principio; mantenerse juntos es el progreso; trabajar juntos es el éxito. Henry Ford.

En mi trabajo estamos pasando por unos días de cierta tensión. Algo habitual en la mayoría de los trabajos, por no decir en todos. El detonante fue una reunión que tuvimos la semana pasada. Al parecer, no se están alcanzando las previsiones de ventas esperadas. Y claro, hay que buscar… ¿culpables? No debería ser así. Pero esa es la sensación con la que salimos muchos de mis compañeros y yo. Las cosas no van como se esperaba, y en lugar de buscar soluciones se buscan culpables. ¿Te suena? Seguro que sí. Si no pasa en tu empresa, pasa en alguna en la que hayas estado. O en la de alguien a quien conoces. Los de arriba aprietan a los de abajo, y así hasta llegar al último eslabón de la cadena, que es el que finalmente paga el pato, el que se lleva todas las broncas.

¿Es esta la mejor manera de revertir los resultados? Yo, sinceramente, creo que no. De esa forma lo que se consigue es encabronar al personal, que acaba quemado y empieza a buscar la forma de salir de esa empresa. Esta actitud genera malas caras, malos modos, mal ambiente, frustración, enfado, estrés, ganas de salir corriendo. Y, en algunas ocasiones, depresiones. Born out, lo llaman los amantes de los anglicismos.

En la empresa en la que trabajo se predica la humildad.  Es uno de los valores que puedes encontrar anunciado en la página web. Sin embargo, lo que nosotros percibimos en aquella reunión fue algo diferente. Cierta arrogancia, es lo que nos llegó. Probablemente no es lo que se nos quería transmitir, pero es con lo que finalmente nos quedamos. ¿Por qué? ¿Por qué se habla de humildad y a la hora de la verdad dicha virtud queda en papel mojado? Puede haber muchas razones, pero a mí la primera que me viene a la cabeza es que está inserto en nuestra cultura laboral. Tradicionalmente, los jefes no suelen ponerse al servicio de los empleados. ¡Al servicio del empleado! ¡¡Pero si soy el jefe!! ¿Cómo voy a ponerme al servicio de mis subordinados? ¡Sería el mundo al revés! Esa es la mentalidad. ¿Verdad que te suena? Quizá no es algo consciente, pero es como funciona. Sin embargo, la humildad habla de todo lo contrario. Un jefe humilde se pondrá al servicio de su empleado y buscará la forma de ayudarle, de que haga mejor su trabajo. Se sentará con él, y, juntos, examinarán las posibles acciones para mejorar.

¿Qué podemos hacer, entonces? Creo que ambas partes, jefes y subordinados, podemos contribuir a que las cosas vayan por mejores cauces. Todos podemos hacer algo diferente, para que los resultados sean diferentes.

¿Qué pueden hacer los jefes? Como decía antes, ponerse al servicio de sus empleados. Esa debería ser la principal premisa. En lugar de transmitir el mensaje de “esto es lo que hay que conseguir, tú verás cómo lo haces, y si no lo haces te voy a castigar, quizá incluso con tu no renovación de contrato”, lo que hay que transmitir es: “¿qué necesitas? ¿En qué te puedo ayudar? Vamos a sentarnos juntos, a ver qué se puede hacer”. Esa es la actitud de un buen jefe. En mi departamento tenemos dos personas que no son jefes pero llevan mucho tiempo. Organizan nuestro trabajo, y nos van enseñando lo que hay que hacer. Un par de días después de la reunión, uno de ellos me llevó a parte y habló conmigo. Me explicó por qué los jefes están cabreados, y por qué lo están pagando con nosotros. Me mostró su apoyo, y me dijo algunas formas en las que podía hacer mejor mi trabajo. Me animó, y lo sigue haciendo cada día cuando trabajamos juntos. Eso es lo que espero yo de un jefe. Que se interese por mi trabajo, que me pregunte qué dificultades tengo, que me diga cómo lo puedo hacer mejor, que se siente con mis compañeros y conmigo, nos pregunte, y, juntos, diseñemos una estrategia para conseguir que los resultados sean los mejores. Es ese tipo de actitudes las que ayudan a alcanzar la excelencia. Las que consiguen que los trabajadores hagan suya la empresa y remen todos en la misma dirección para que ésta navegue hacia buen puerto. Las que hacen que todos, jefes y empleados “rasos”, estén unidos y trabajen juntos para alcanzar los objetivos.

Por otro lado, ¿qué podemos hacer los que no somos jefes? Pienso que nuestra actitud, aunque en un primer momento sea difícil (hemos sentido que se nos ha hecho responsables de un problema mayor, en el que hay involucrada mucha más gente además de nosotros, y que, en lugar de ayudarnos, se nos han apretado las tuercas para que rindamos más), aunque sea difícil, digo, lo primero que debemos hacer es huir de la queja. Las lamentaciones nunca llevan a nada. Lo único que hacen es dar vueltas al problema, marearlo, hacer que la bola crezca. La queja, lejos de solucionar algo, lo complica.

¿Entonces? Entonces… lo que se puede hacer es intentar hablar con los jefes, o con algún intermediario, y exponerles nuestras razones. No desde la queja, sino desde la búsqueda de soluciones. Nosotros queremos que las cosas vayan bien. Queremos ayudar a la empresa, y para eso estamos aquí. Pero sentimos que no se valora nuestro trabajo, y que se nos hace responsables de cosas que se nos escapan, que están por encima de nuestras posibilidades. Estamos dispuestos a trabajar para revertir la situación. Y lo que necesitamos para ello es esto y lo otro (exposición de necesidades).

Por otro lado, es fundamental la unión. En mi departamento, mis compañeros y yo estamos unidos. Comentamos la situación entre nosotros, y eso nos ayuda a no estar solos. He vivido situaciones parecidas, en otras empresas, en las que he estado solo. Es algo mucho más duro, mucho más difícil de sobrellevar. La unión hace la fuerza, y, en esta empresa, lo estoy viviendo de verdad. Puedo hablar con mis compañeros con confianza, y eso me da fuerza. Están en la misma situación que yo, lo cual hace posible una perfecta comprensión del problema. El compañerismo, siempre, pero especialmente en este tipo de situaciones difíciles, es fundamental.

Todo esto, parece sencillo, ¿verdad? Entonces, ¿por qué no se hace? ¿Por qué a menudo acaba pasando lo mismo? ¿Por qué se buscan culpables, cabezas de turco, alguien a quien apretar las clavijas, en lugar de buscar soluciones entre todos? Yo pienso, como decía al principio, que es una cultura transmitida de generación en generación durante años y años. Y es, además, lo fácil. Tengo un problema, y alguien debajo de mí en la escala jerárquica. Pues nada… echo toda mi mierda al de abajo. Y así, hasta llegar al último, que es el que al final se come todo. Lo fácil, como digo. Pero no lo exitoso, no lo eficiente. Quizá requiera de un esfuerzo importante cambiar esa cultura, pasar de la bronca a la búsqueda de soluciones (entre todos) y de la queja, del victimismo, a la asunción de responsabilidades (entre todos). Pero pienso que, aunque al principio cueste un poco, los resultados serían realmente satisfactorios. Merece la alegría cambiar. Todos, jefes, empleados, la empresa, y al final la sociedad, saldríamos ganando. ¿Te apuntas?

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3 comentarios en “La humildad de los jefes

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