Emigrantes y viajeros

El corazón del hombre necesita creer algo, y cree mentiras cuando no encuentra verdades que creer. Mariano José de Larra.

Además de escribir, también leo. No se puede ser escritor sin leer mucho. Cuanto más, mejor. Y una de las cosas que leo, son blogs. Últimamente ando poniéndome al día, pues se me han ido acumulando artículos en mi correo electrónico.

Leo esta mañana uno de mi amiga Macu Gavilán (lo puedes leer pinchando aquí), que me sirve de inspiración para este que ahora inicio. Me gusta, y le dejo un comentario que reproduzco a continuación:

No sé si tiene algo que ver, pero… si bien el alimento es necesario, y también un techo bajo el que refugiarse, y es triste, muy triste, clama al cielo, que haya millones de personas que no lo tengan… nuestro mundo occidental vacía las almas, y eso también es muy triste y muy grave. Quizá por eso haya quien emigra buscando… buscando mundos más auténticos, mundos en los que las personas valgan más que las cosas, mundos en los que las relaciones personales valgan más que las relaciones mercantiles.
También están los que, emigrando, o viajando, tratan de huir de sí mismos. Esos no encontrarán sosiego en ningún sitio, mientras no viajen a su interior. Pero esto es capítulo aparte.
Gracias por el artículo.

En realidad, eso es lo que quería mostrar hoy. El comentario que le dejo a Macu dice casi todo lo que pasa ahora por mi mente. Pienso sobre la gente que viaja mucho, que está realmente obsesionada con viajar. Por supuesto, no se puede meter a todo el mundo en el mismo saco. Pero… cada uno que piense si le pasa. Creo que muchas de esas personas huyen de sí mismas, como afirmo en mi comentario al artículo de Macu. Huyen, porque no les gusta lo que ven si se paran, si miran hacia adentro. Otro síntoma de ello es la velocidad a la que transcurren nuestras vidas en occidente. Vamos corriendo a todas partes, hacemos muchas cosas, infinidad de cosas, y no nos permitimos parar. Huimos del silencio y de los lugares silenciosos.

Y es que si nos paramos, si nos quedamos en silencio, antes o después una voz nos interpela. Una voz que nos pregunta sobre nuestro destino. ¿Dónde vas? ¿Para qué corres? ¿Por qué tanta prisa? ¿Tanto acumular cosas? ¿Tanto consumismo, tanto hedonismo, tanto materialismo? ¿Qué es la vida? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Cuál es el sentido de nuestra existencia? ¿Qué hay detrás de la muerte? ¿Qué sentido tiene el dolor?

Son preguntas, especialmente las más profundas, que asustan, y preferimos huir de ellas. O quizás huimos de las respuestas. Lo hacemos imprimiendo velocidades vertiginosas a nuestras vidas, y ruido, mucho ruido. Radio, televisión, música a todas horas (fíjate en el metro, o por la calle, cuánta gente va con auriculares)…

Paradójicamente, al menos en ciertos ambientes, hay cierta búsqueda de lo trascendente. Están de moda las religiones y filosofías orientales, la meditación, el yoga, el tai chi, el chi kung, se habla mucho del mindulness… Pero… ¿están ahí las respuestas a todas esas preguntas que nos intranquilizan? ¿O estas prácticas son simplemente parches? ¿Dónde están las verdaderas respuestas?

No trato de dar soluciones a estas cuestiones. Quizá cada uno tenga las suyas. Sólo invito a la reflexión. A la reflexión de aquellos que se sientan identificados con mi artículo. O con el de Macu. Invito también a la búsqueda. A una búsqueda sincera. También, si quieres, al debate. Queda abierto en los comentarios.

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