El control consciente de las emociones

Las emociones son invasivas, pero las podemos controlar. Susana Bloch

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Hace poco hablaba del inicio de mi colaboración con Álex González, y os presenté mi primer artículo para su blog, “Nosotros las personas“, en el que hablaba sobre la humildad.

Hoy es Álex el que se asoma a estas páginas, y nos presenta un artículo sobre algo que, a mi juicio, es fundamental conocer si queremos gobernar bien el barco de nuestra vida. Las emociones. Sin más, os dejo con Álex.

Hace apenas unos días, Alejandro Rubio colaboró en mi blog “Nosotros: las personas” con una entrada sobre la humildad, aprovechando que es ese el valor sobre el que estoy publicando este mes de febrero.

Le devuelvo su regalo con este artículo en el que reflexiono sobre algo que para mí es fundamental en cualquier etapa y situación de nuestras vidas en las que podamos pensar: las emociones.

Ya en mi primera publicación, allá por el 2012, decía que los seres humanos estamos hechos de emociones. Con ello hoy, 5 años después, reafirmo y ratifico la importancia de éstas para entender cualquier relación ya no sólo interpersonal, sino también intrapersonal (del yo conmigo mismo). En definitiva, según sean las emociones, pero sobre todo según sea nuestro control que sobre ellas ejerzamos, las situaciones pueden tomar un camino u otro.

Nuestros resultados y la consecución de nuestras metas en la vida dependen de las emociones mucho más de lo que queremos creer. Pensamos que ocultarlas nos hace más adultos, maduros y mejores y, desgraciadamente, vivimos acostumbrados a ignorar las emociones, que son para nosotros fuerzas incontrolables que surgen de un abismo ingobernable al que tememos asomarnos.

Pero debemos ser realistas; las emociones forman parte de nuestras vidas y nos transmiten información para comprender quiénes somos, cómo actuamos y cómo percibimos nuestro entorno.

Atender a las emociones es un trabajo consciente, pero realmente útil para tomar decisiones en nuestro día a día, reducir el estrés, ser más creativos, obtener mejores resultados, ser más empáticos, etc… en definitiva, para sacar lo mejor de nosotros mismos.

Cuando actuamos de manera equivocada, porque la emoción se apodera de nosotros, solemos excusarnos en que un agente externo ha sido el causante. Siempre es mucho más fácil echar culpas afuera que asumir que, aunque el agente provocador realmente exista, sólo nosotros tenemos acceso al interruptor que enciende o no la chispa que hace expandir la llama.

Por muy malo que sean nuestros días, por muy mala que sea la situación que estemos viviendo o por muy tóxica que sea la persona que tenemos a nuestro lado, sólo nosotros tenemos el poder de controlar nuestras emociones, mirar hacia otro lado, ver la parte positiva e intentar extraerla, aunque ésta sólo sea aprendizaje, ¡que ya es mucho! Siempre que aludo a este poder interior recuerdo el libro de “El hombre en busca del sentido” de Viktor Frankl, quien estando en una situación tan límite como ser un recluto de un campo de concentración nazi, fue capaz de determinar que aquellos que veían un sentido a la vida, aquellos que sabían ver el vaso medio lleno, eran los que finalmente tenían más posibilidades de aguantar tal calvario y sobrevivir.

Cierto es que todo esto requiere trabajo, y además un trabajo para nada fácil, porque uno tiene que ser consciente durante todo este proceso de control emocional y llegar a reconocer que es realmente la propia persona quien tiene la última palabra en cómo afrontar una situación, por muy complicada y límite que pueda llegar a ser.

Mi consejo:

“Siéntete dueño de tu propio yo y, aunque en ocasiones sientas que tu estado emocional te ha llevado a actuar de manera errónea, piensa que eso representa quizás haber perdido una batalla, pero no la guerra.

El aprendizaje y el haberte levantado siempre con más fuerza tras una caída te van a ayudar, sin duda, a reforzar tu inteligencia emocional y sentirte cada vez con más energía, con la que además podrás ayudar a otros a conseguir este trabajo interno y emocional cuando les veas flaquear”.

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