De dioses y hombres

El dolor es el alimento esencial del amor; cualquier amor que no se haya nutrido de un poco de dolor puro, muere. Maurice Maeterlinck.

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“De dioses y hombres” es una película dirigida por el francés Xavier Beauvois y estrenada en 2010. Cuenta la historia de unos monjes franceses del monasterio cisterciense del Tibhirine, en Argelia. Allí conviven en plena armonía con los habitantes musulmanes de la zona, a los que atienden en un dispensario médico, y con los que colaboran en tareas agrícolas. El asesinato de unos trabajadores croatas por parte de fundamentalistas islámicos siembra el pánico en la región, y hace plantearse a los religiosos su continuidad en el país.

La película nos muestra con gran naturalidad la reacción de los monjes. Cómo aparecen los miedos, las dudas, las zozobras, la oscuridad. Cómo, en algunos momentos, sienten la ausencia de Dios, por el que dejaron todo, casa, familia, posesiones. Pero en esos momentos de miedo, los monjes, en lugar de salir corriendo, deciden poner un poco de pausa. Reflexionar, rezar, meditar, antes de decidir. Entonces las dudas desaparecen. Los que optaban por salir del país, son los primeros que, tras ese tiempo de reflexión, deciden quedarse. Al fin y al cabo, dicen, la vida ya la entregaron cuando decidieron hacerse monjes.

Esta última frase me invita a la reflexión. Pienso que uno no entrega la vida para echarse atrás en los momentos difíciles. Y cuando digo “entrega la vida” no me refiero únicamente a la vida religiosa. Me refiero también al matrimonio, o a cualquier otra situación en la que una persona toma una decisión para toda la vida. El amor se demuestra en los momentos difíciles. Cuando hay mariposas en el estómago no tiene mucho mérito. Es en la oscuridad, en la duda, en la dificultad, cuando uno tiene que demostrar que aquella promesa de fidelidad y de amor que hizo tiene sentido. Es ahí cuando se manifiesta el verdadero amor.

Leí hace tiempo que en tiempos de nuestros abuelos, si algo se rompía se arreglaba. Ahora, si algo se rompe se tira y se sustituye por algo nuevo. Sacerdotes secularizados, matrimonios divorciados, familias destrozadas… ¿Será porque se nos ha olvidado cómo se ama?

Dicen ahora, lo leí en la portada de un libro, que “si duele no es amor”. Yo no estoy de acuerdo. El amor a veces duele. Amar es renunciar a uno mismo, es entregarse al objeto amado, ya sea éste otra persona, Dios, o una institución. Y renunciar a uno mismo no es fácil. Cuando vienen mal dadas, duele. Pero se trata de un dolor sublime. Se me ocurre compararlo con el dolor que sufre un montañero que está subiendo una montaña difícil; o el de un corredor de maratón que sufre su soledad y las piernas le pesan; o el de un ciclista que corona un puerto difícil; o el de una madre, o un padre, que se cae de sueño en el trabajo porque por la noche se tuvo que levantar cien veces por el llanto de su bebé. Duele, sí. Pero es un dolor que merece la alegría.

Quizá arreglar las cosas, cuando éstas se rompen, duela. Quizá sea mucho más fácil deshacerse de ellas y sustituirlas por otras. Pero… viendo la historia de mis abuelos, y la de mis padres, no sé por qué me da que lo primero, aunque en algunos momentos duela, es mucho más satisfactorio.

Lo mismo debieron de pensar y vivir los monjes del Tibhirine. Tras superar los primeros momentos de duda y decidir seguir su vida en el monasterio, sin abandonar a los habitantes del pueblo, el miedo no desapareció. A nadie le gusta pensar que el día menos pensado le cortan el pescuezo. Pero vivieron ese miedo con amor, convencidos de que su vida ya la habían entregado hacía muchos años.

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5 comentarios en “De dioses y hombres

  1. Bonito texto, Alejandro. Pero creo que cargado de juicios. Mi enhorabuena a tus abuelos y padres, pero también mi enhorabuena a todas esas parejas en las que el amor ha desaparecido (sí, esto ocurre) y han decidido separarse, antes de que sus hijos sufran las consecuencias de una convivencia de pareja de unos padres que no la desean. Francamente, creo que la única entrega que es realmente para toda la vida, es la que se hace a un hijo desde que nace. No puedo juzgar las religiosas porque no creo en ellas. Las de pareja, la vida me ha enseñado que una persona adulta sabe cuándo el amor de pareja ha desaparecido o se ha transformado en cariño o amistad. A partir de ahí eligen la lección que quieren dar a sus hijos: La farsa y el deterioro de una pareja que no se quiere, o el acuerdo desde el amor de una pareja que les ofrece lo mejor: vivir separados.

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    1. Gracias por tu comentario, Fernando. Evidentemente, no estamos de acuerdo en esto. No tenemos el mismo concepto de amor, ni de familia, ni de lo que es el matrimonio. Yo ofrezco al mundo mi visión, aquella en la que creo, aunque esté en claro contraste con la que hoy día ofrece el mundo, que es más similar a la tuya. Está visión que ofrezco servirá a unos, a otros no, hará reflexionar a unos, a otros no.
      Gracias de nuevo por tu aportación. Un abrazo.

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  2. Irene de las Heras

    ¿El amor duele? sí, cuando sufres porque el otro sufre, cuando la entrega te supone sacrificio, pero cuando te duele porque el otro te infringe dolor… eso no es amor. Y esto pasa a veces, Alejandro, y en estos casos no hay promesa que valga, vale más la integridad, la dignidad, la vida de uno mismo que cualquier promesa anterior…
    Arreglar las cosas cuando se rompen está muy bien, pero no siempre es posible… Y por favor, no pienses que es fácil tomar la decisión de separarse… utilizas el término “deshacerse de y sustituir por” y la mayoría de las veces no se trata de eso… se trata de enmendar un camino. Es mucho más fácil no cambiar, que tomar decisiones y cambiar. Como coach lo sabes.

    Un abrazo.

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    1. Gracias por tu comentario, Irene. Como le dije a mi amigo Fernando, en respuesta a su comentario en este mismo artículo, es posible que nuestro concepto de amor, matrimonio, familia, sea un poco diferente. No pretendo ser ningún fanático, y entiendo que sí, que a veces no queda otra que separar los caminos. Pero también pienso que nuestras generaciones son más… blandas, por así decirlo, que las de nuestros padres y nuestros abuelos. Que a la mínima (y no pretendo generalizar, pero es una actitud muy extendida) se rompe una relación, antes de haber luchado siquiera un poco. Creo también que hoy día existe una exaltación de los sentimientos, y que se entiende por amor cosas que no lo son.
      Me gusta mucho un corto de Isabel Coixet, “Bastille”, en el que el narrador dice, “de tanto comportarse como un hombre enamorado volvió a enamorarse”. A veces basta eso, ponerse el traje de faena y comportarse como un hombre, una mujer enamorada. Aunque no se sienta. Porque para mí el amor no es una cuestión sólo de sentimientos.
      En cualquier caso, y resumiendo, no pretendo decir que TODAS las relaciones rotas se pueden arreglar, pero sí que muchas de las que se rompen se podrían arreglar con un poco más de voluntad. Y, por supuesto, no quiero juzgar a nadie ni imponer mi criterio. Yo, como coach, ofrezco lo que pienso, para que a quien le pueda servir medite sobre ello. Y a quien no le sirva, como decía uno de mis maestros en coaching, que lo tire. Gracias de nuevo por tu comentario. Abrazo.

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  3. Alberto Rojas Andres

    Hola Alejandro gracias por tus reflexiones y la de l@s compañer@s.
    Creo que tu texto hace incapie o así lo leo yo, en lo absurdo de una sociedad de consumo, de usar y tirar. Que lleva a consumir las relaciones humanas de forma superficial y vamos por el camino de usar y tirar hasta el único planeta que tenemos.

    Creo que el modelo que defiendes de pareja monogama heterosexual para toda la vida. Es un modelo muy valido y hermoso, como tantos otros, pero que es el que nos han vendido desde pequeñ@s como el único posible. Yo es el que personalmente elijo pero no el que defiendo para nadie porque antes que mi modelo particular amo un mundo diverso donde cada un@ se busque a si mism@.

    Y por favor, compañero cuidado con “el amor y el dolor”. El libro de Silvia Congost no lo he leído. Pero si conozco campañas contra la violencia machista con ese nombre o nombres parecidos. Y me parece que Silvia apunta también a eso.

    Lo siento pero mis abuelos no estuvieron toda su vida juntos por amor si no por “cojones” por los “cojones” de una sociedad machista y patriarcal que si eras hombre y adultero eras un machote. Si eras mujer en España era delito hasta 1978. Y la violencia que soportaban esas abuelas creo que debía de doler y mucho, lo que no se es si sabía a amor.

    Recojo tu invitación a seguir buscando y no quedarme en relaciones de consumo, de usar y tirar.
    Pero no recojo tu invitación a volver al pasado. Porque el modelo que tenían mis abuelos (de dos culturas y países diferentes) eran ambos machistas, desiguales donde ellas salían muy mal paradas y nosotros terminabamos muy condicionados (castración emocional, menor esperanza de vida, no tener acceso a una cultura de cuidados…) a cambio de sentirnos por encima.

    Creo entender que te referias a un esfuerzo creativo. Todo acto creativo, es activo y conlleva un gasto de energía. Al contrario de un acto consumista que es pasivo y conlleva rápidamente al aburrimiento.

    Yo personalmente defiendo una sociedad creativa y pacífica.
    Por lo tanto no puedo imponer modelos. Pero si exigir y recordar los derechos y los límites cuando se siente el dolor.

    Muchas gracias por abrir y generar este espacio de diálogo.

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