Converso

Todos nos asomamos al mismo abismo. Raúl del Toro.

Si el Espíritu Santo entra en nuestra casa, ¿es posible hacer una película sobre Él?” Una frase, una pregunta, que no deja indiferente. O sí, porque las sensibilidades son infinitas. A quien no dejó indiferente la entrada del Espíritu Santo en su casa, en su familia, fue a David Arratibel, el director de “Converso”. En palabras suyas,

Toda mi familia se ha convertido a la fe católica.
La distancia con ellos se hacía cada día más grande, así que me propuse hacer una película para entender cómo el Espíritu Santo había entrado en sus vidas y, de alguna forma, también en la mía.
Una película de cariños, ausencias, vacíos y distancias.”

David era agnóstico cuando empezó a rodar la película, y sigue siendo agnóstico a día de hoy (que yo sepa). Sin embargo, su agnosticismo no le impidió acercarse al catolicismo, para tratar de entender qué le estaba pasando a su familia. O quizá fue precisamente ese agnosticismo el que le llevó a ello. Lo importante, lo interesante, es que Arratibel no se dejó llevar de unos prejuicios que a muchos nos impiden acercarnos a lo que no conocemos. Esos prejuicios que a algunos les impedirán ir al cine a ver esta magnífica película. Se perderán una obra de arte, y se perderán la oportunidad de aprender grandes lecciones de tolerancia, de diálogo, de cómo afrontar conversaciones pendientes.

No es sólo interesante que David se aproxime a conocer lo que les está ocurriendo a sus hermanas, a su madre y a su cuñado. Es que además, gracias a ello, también ellas conocen qué le ocurre a David, qué siente al no vivir el mismo proceso. Así, los espectadores tenemos la oportunidad de, de alguna manera, vivir una conversión desde dos puntos de vista: el del converso, y el del que no se convierte y no sólo no entiende nada sino que además puede llegar a sentirse extraño dentro de su propia familia.

“Converso” es una película que habla de la conversión de varias personas, las cuales nos cuentan su proceso. “Converso” es también una película que invita, como dice el propio Arratibel, a hablar de religión desde la normalidad. ¡Qué complicado! Religión, ese tema tabú que, junto con la política, provoca tantas discusiones en reuniones familiares. Ese tema prohibido que algunos quisieran relegar al ámbito de lo privado.

Quizá sea para eso, para animar a romper algunos tabúes, para lo que me animo a escribir sobre esta película en este blog, que es de coaching y crecimiento personal y no de religión. Por eso, y porque “Converso” también es una película sobre conversaciones pendientes. Esas conversaciones que no nos atrevemos a tener, y que vamos dejando día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, hasta que al final se pierden las vidas y con ellas la oportunidad de rescatar esas conversaciones. Algo de eso es lo que le pasaba a la familia Arratibel, y que yo no voy a contar aquí porque lo hacen mucho mejor el director y su familia en la película.

Dejar conversaciones pendientes puede acabar produciendo heridas muy difíciles de curar; no atreverse a abordar determinadas conversaciones puede dejar para siempre cerradas algunas puertas que, de abrirlas, podrían llevarnos a escenarios de dicha insospechados; las conversaciones pendientes muchas veces separan familias, rompen amistades, impiden relaciones de amor necesarias para dar color a este mundo que a menudo es gris; las conversaciones pendientes nos impiden conocernos mejor, nos impiden saber de las inquietudes de los que nos rodean, de por qué creen lo que creen o no creen en aquello que nosotros vemos tan evidente. Una conversación, en fin, abre puertas, cierra las que hay que cerrar, ayuda a explorar mundos inexplorables, nos abre al mundo de las infinitas posibilidades.

David Arratibel, en esta película, nos habla de todo esto, y lo hace de una manera sencilla y a la vez profunda. “Converso” es emotiva y también divertida. Lloras y al minuto estás riendo. Piensas, piensas mucho. Te haces preguntas. Deseas ponerte en la piel de los personajes, acercarte a ellos, hacerles preguntas. “Converso”, en fin, es una película que merece la pena. Y sería eso, una pena, que por prejuicios, por pereza, o por lo que sea, te la perdieras. Yo ya la he visto, y volveré a verla, para interiorizarla, para saborearla de nuevo, para volver a reír, a llorar, y para, por qué no, tratar de fortalecer mi débil fe.

Seas creyente, agnóstico o ateo, te animo a acercarte al cine a conocer a la familia Arratibel. Quizá te lleves algo bonito a casa. Y si no, si no te gusta tanto como a mí (y como a los jurados que ya la han premiado)… sólo habrás perdido una hora de tu vida, que es lo que dura la película.

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III Premio Gavia Negra

Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro. Emily Dickinson.

Ayer, lunes 25 de septiembre, tuvo lugar la presentación de la novela “Contra Mundum”, en el café Libertad 8. En el mismo acto se hizo entrega a su autor, Alejandro Rubio Sánchez (o sea, a mí), del premio Gavia Negra. La encargada de entregar el premio fue la afamada actriz Arantxa de Juan.

El acto, presentado por el escritor y editor Javier Puebla, fue todo un éxito. En el local no cabía un alma, y los presentes agotaron por completo la primera edición de la novela. Javier puso en el escenario toda su genialidad, y la emotividad corrió a cargo del escritor premiado. Entre los dos hicieron magia, magia de la buena. A ello contribuyó el numeroso público, participativo, alegre, expectante, agradecido, muy agradecido.

En definitiva, una tarde-noche excepcional de la que todos disfrutamos como la ocasión lo merecía.

Quiero agradecer a todos los presentes la compañía y el calor que me brindaron en un momento tan especial para mí, y brindo con vosotros porque esta sea la primera de muchas.

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Contra Mundum

Beati mites, quoniam ipsi possidebunt terram

El lunes estreno mi primera novela, Contra Mundum. Una novela en la que están presentes algunas preguntas como, ¿hasta qué punto el fin justifica los medios?; ¿es posible encontrar el bien en este mundo?; ¿existe la verdad?; ¿qué es la belleza? Una novela en la que también está de fondo algo que a menudo perdemos de vista: los actos tienen consecuencias.

Invito al lector a que no se quede en la superficie. Que sea capaz de leer entre líneas, de bucear en la profundidad de lo que ocurre en cada capítulo, pero sobre todo en el conjunto de la novela. Si lo hace, además de pasar un rato entretenido, se hará preguntas. Y cuando uno se hace preguntas, a veces obtiene respuestas.

El lunes 25 de septiembre, a las siete de la tarde, en la calle Libertad, 8. Madrid. Te espero.

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Recomenzar

Pregúntate si lo que estás haciendo hoy te acerca al lugar en el que quieres estar mañana. Walt Disney.

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“Es difícil que no te valoren, hace mucho daño; pero es sólo su opinión”. “Gran oportunidad de empezar por tu cuenta”. “La fórmula, creer en ti”. “A por el siguiente y a triunfar”. “Si se cierra una puerta, se abre una ventana”. “Te veo en la presentación de tu libro, y te veré disfrutando de lo que te gusta y haciendo lo que quieres”.

Son frases de ánimo que me mandaron el pasado viernes varios amigos, al enterarse de mi despido en la empresa en la que trabajaba. Aún me quedaban dos meses de contrato, pero el director del centro decidió que yo era demasiado serio para atender al público. Fue un juicio superficial, al verme trabajando un día que pasó por allí. De nada valió la intercesión de mi jefe. De nada sirvió que le dijera que soy trabajador y responsable, que si quería me trasladara a otra sección donde no tuviera que atender al público. De nada sirvió tampoco la petición que hizo de que esperaran a que él volviera de vacaciones para comunicarme en persona la decisión de la empresa. Todo se zanjó de la manera más fácil para ellos: una carta al finalizar mi jornada. Sin explicación alguna. Sólo tuve las de mi jefe, a posteriori. Me sentí injustamente juzgado, injustamente infravalorado.

Hasta aquí, los hechos. No me voy a detener a analizarlos. Que cada cual saque, si quiere, sus conclusiones. Yo ya he pasado página, y ahora lo que me interesan son las frases con las que he empezado mi artículo.

“Es difícil aceptar que no te valoren, hace mucho daño; pero es sólo su opinión”. Sin duda. Cuando sientas que alguien no te valora, intenta que te explique por qué. Si no lo hace, ya sabes que su juicio vale menos que nada. Si lo hace, tendrá que concretar qué es lo que no le gusta. Entonces, de lo que te diga, saca tus propias conclusiones, tu propio aprendizaje. Contrasta esa opinión con la de otras personas. Pero no te dejes hundir por el juicio de nadie, y menos por el de alguien que no sabe nada de ti, que te está juzgando superficialmente.

“Gran oportunidad para empezar por tu cuenta”. Es algo a lo que llevo tiempo dando vueltas. Y, efectivamente, en estos momentos la idea cobra fuerza. Este blog, y todo lo que lo rodea, puede ser la plataforma de lanzamiento.

No te quedes con lo negativo de los fracasos, si es que se les puede llamar así. Conviértelos en oportunidades. Utilízalos como pértiga para saltar obstáculos. Saca, una vez más, conclusiones, aprende, y comienza de nuevo. Sin mirar atrás.

Por cierto, no quiero dejar de hacer una mención especial a la persona que me escribió esta frase. Me decía que “te llamo el lunes para un café”. Llevábamos años sin vernos, no teníamos trato desde hace mucho. Pero me dijo que me llamaba y me ha llamado. Me dijo que nos tomábamos un café y nos lo hemos tomado. Es un hombre de palabra, cariñoso y atento a las necesidades de los demás. Con personas así es como se construye el mundo. Rodéate de ellas y llámalas cuando las necesites. Pedir ayuda no es de débiles sino de sabios. Jaime, si algún día tengo una casa ya sabes quién me va a poner y mantener el jardín.

“La fórmula, creer en ti”. Efectivamente. Nunca dejes de creer en ti. No permitas que un inepto sin sensibilidad te hunda. Vales mucho más de lo que te imaginas, y, por supuesto, vales más que inútiles que hacen juicios infundados. Cree en ti y sigue adelante.

“A por el siguiente, y a triunfar”. Ya está dicho en los párrafos anteriores. Pasa página y no mires atrás. El camino está delante, no detrás. Tu triunfo depende de lo que hagas ahora, no de lo que hiciste ayer, y mucho menos de lo que un necio no te dejó hacer. Adelante, siempre adelante.

“Si se cierra una puerta, se abre una ventana”. Siempre ocurre. Pero no esperes a que se abra sola. Ábrela tú.

“Te veo en la presentación de tu libro, y te veré disfrutando de lo que te gusta y haciendo lo que quieres”. El veinticinco de septiembre presento un libro, mi primera novela. Allí estaré acompañado de gente a la que quiero, disfrutando de mi trabajo verdadero (aunque no me dé de comer, de momento).

Si tienes una afición, si algo se te da bien, no lo dejes. Dedícale tiempo, todo el que puedas. Disfruta de ello. Es posible que, antes o después, se convierta en tu modo de vida. Entonces se cumplirá lo que decía Confucio: elige un trabajo que te guste y no trabajarás ni un sólo día de tu vida. Es mentira, no te lo creas. Trabajarás, claro que trabajarás. Pero lo harás a gusto, estarás feliz y lo harás a tu manera. Será lo más parecido a jugar y lo menos a trabajar. Seguro que a eso se refería el sabio oriental.

Todas esas frases, y los análisis consiguientes, me los aplico a mí. Son mis reflexiones personales sobre lo que me ha pasado. Y las comparto contigo, por si a ti te sirven.

Para terminar… Quizá necesites de alguien que te acompañe en tu camino. De alguien que te ayude a ver ese camino que no logras vislumbrar. De alguien que te ayude a sortear ese obstáculo con el que siempre acabas tropezando. Llámame. Además de escritor soy coach, y además de coach tengo una experiencia de vida que puedo poner a tu servicio. No lo dudes. Cuenta conmigo. Estaré encantado de caminar contigo hacia el éxito.

P.D.: gracias a todos los que me habéis apoyado en estos momentos. También, claro está, a aquellos cuyas frases no aparecen en este artículo. Cualquier golpe de aliento siempre es bienvenido y te impulsa hacia adelante. Gracias.