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¿Te sientes vacío?

Todo el que pide, recibe; el que busca, halla y al que llama, se le abrirá. Mt, 7-8

En el pasado artículo mencionaba un encuentro con Jaume Vives, creador del documental “Guardianes de la fe“. Un par de días después de conocerle, alguien me habló de un vídeo en el que el propio Jaume cuenta su pérdida de la fe, y su reencuentro con ella. Merece mucho la pena verlo, de principio a fin. Entre otras cosas, Jaume insiste en la necesidad de dar la cara por Cristo, de ser coherentes con nuestra fe.

Hay un afán entre los católicos, dice Jaume, de ser como todo el mundo. De no diferenciarnos. Que no vean que soy diferente, no sea que se enteren de que voy a misa, de que rezo, de que tengo determinadas ideas, y me señalen. Esto contrasta con la forma de vivir la fe de los cristianos perseguidos. Nosotros podemos pasar vergüenza por reconocernos católicos, y para evitar esa vergüenza negamos a Cristo. Ellos pueden perder sus posesiones, y hasta su vida, y sin embargo reconocen a Cristo. Su vida entera está vertebrada por la fe católica. Están dispuestos a perder todo, excepto la fe.

Negamos a Cristo, a diario, de mil formas diferentes. Por ejemplo, asistiendo a lugares, a espectáculos, a exposiciones, etc., en las que se ofende a Cristo. Yo no puedo estar a gusto, afirma de manera tajante Jaume, en un sitio en el que Cristo estaría llorando.

Negamos también a Cristo cuando ponemos mil excusas para no arrodillarnos en misa en el momento de la Consagración; lo negamos cuando eliminamos de nuestras iglesias los reclinatorios; lo negamos cuando oímos cómo se burlan de Él, o de su Iglesia, y permanecemos indiferentes; lo negamos cuando nos creamos una religión a la carta, cuando decimos “yo creo en Dios pero no en la Iglesia”, cuando elegimos cumplir unos preceptos de la religión católica y otros no, cuando no defendemos a nuestros sacerdotes… Y así podría seguir enumerando una y mil formas de negar a Jesucristo. Si de verdad quieres seguir a Cristo, si quieres que Él sea el centro de tu vida, busca todo aquello que te aparta de Él, y sácalo de tu vida. Verás como empiezas a ver las cosas de otra manera.

“Cuando más feliz he sido en mi vida, cuando más paz he tenido, ha sido cuando más cerca de Dios he estado”. Son palabras de Jaume, y yo las suscribo punto por punto. Cuando me alejo de Dios pierdo la paz y la alegría, me alejo de la felicidad. Puedes buscar la felicidad en muchos sitios, pero si la quieres encontrar de verdad, búscala en Cristo. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Fuera de Él quizá puedas encontrar muchos sucedáneos. Pero nada te llenará. Cuando creas saciarte con algo, enseguida volverás a sentir sed y te verás obligado a seguir buscando. Con Cristo no ocurre eso. Prueba, y verás.

Te invito a escuchar a Jaume pinchando en este enlace. Él lo cuenta mucho mejor que yo, y con más gracia. Merece la pena. Míralo, y después me cuentas.

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Converso

Todos nos asomamos al mismo abismo. Raúl del Toro.

Si el Espíritu Santo entra en nuestra casa, ¿es posible hacer una película sobre Él?” Una frase, una pregunta, que no deja indiferente. O sí, porque las sensibilidades son infinitas. A quien no dejó indiferente la entrada del Espíritu Santo en su casa, en su familia, fue a David Arratibel, el director de “Converso”. En palabras suyas,

Toda mi familia se ha convertido a la fe católica.
La distancia con ellos se hacía cada día más grande, así que me propuse hacer una película para entender cómo el Espíritu Santo había entrado en sus vidas y, de alguna forma, también en la mía.
Una película de cariños, ausencias, vacíos y distancias.”

David era agnóstico cuando empezó a rodar la película, y sigue siendo agnóstico a día de hoy (que yo sepa). Sin embargo, su agnosticismo no le impidió acercarse al catolicismo, para tratar de entender qué le estaba pasando a su familia. O quizá fue precisamente ese agnosticismo el que le llevó a ello. Lo importante, lo interesante, es que Arratibel no se dejó llevar de unos prejuicios que a muchos nos impiden acercarnos a lo que no conocemos. Esos prejuicios que a algunos les impedirán ir al cine a ver esta magnífica película. Se perderán una obra de arte, y se perderán la oportunidad de aprender grandes lecciones de tolerancia, de diálogo, de cómo afrontar conversaciones pendientes.

No es sólo interesante que David se aproxime a conocer lo que les está ocurriendo a sus hermanas, a su madre y a su cuñado. Es que además, gracias a ello, también ellas conocen qué le ocurre a David, qué siente al no vivir el mismo proceso. Así, los espectadores tenemos la oportunidad de, de alguna manera, vivir una conversión desde dos puntos de vista: el del converso, y el del que no se convierte y no sólo no entiende nada sino que además puede llegar a sentirse extraño dentro de su propia familia.

“Converso” es una película que habla de la conversión de varias personas, las cuales nos cuentan su proceso. “Converso” es también una película que invita, como dice el propio Arratibel, a hablar de religión desde la normalidad. ¡Qué complicado! Religión, ese tema tabú que, junto con la política, provoca tantas discusiones en reuniones familiares. Ese tema prohibido que algunos quisieran relegar al ámbito de lo privado.

Quizá sea para eso, para animar a romper algunos tabúes, para lo que me animo a escribir sobre esta película en este blog, que es de coaching y crecimiento personal y no de religión. Por eso, y porque “Converso” también es una película sobre conversaciones pendientes. Esas conversaciones que no nos atrevemos a tener, y que vamos dejando día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año, hasta que al final se pierden las vidas y con ellas la oportunidad de rescatar esas conversaciones. Algo de eso es lo que le pasaba a la familia Arratibel, y que yo no voy a contar aquí porque lo hacen mucho mejor el director y su familia en la película.

Dejar conversaciones pendientes puede acabar produciendo heridas muy difíciles de curar; no atreverse a abordar determinadas conversaciones puede dejar para siempre cerradas algunas puertas que, de abrirlas, podrían llevarnos a escenarios de dicha insospechados; las conversaciones pendientes muchas veces separan familias, rompen amistades, impiden relaciones de amor necesarias para dar color a este mundo que a menudo es gris; las conversaciones pendientes nos impiden conocernos mejor, nos impiden saber de las inquietudes de los que nos rodean, de por qué creen lo que creen o no creen en aquello que nosotros vemos tan evidente. Una conversación, en fin, abre puertas, cierra las que hay que cerrar, ayuda a explorar mundos inexplorables, nos abre al mundo de las infinitas posibilidades.

David Arratibel, en esta película, nos habla de todo esto, y lo hace de una manera sencilla y a la vez profunda. “Converso” es emotiva y también divertida. Lloras y al minuto estás riendo. Piensas, piensas mucho. Te haces preguntas. Deseas ponerte en la piel de los personajes, acercarte a ellos, hacerles preguntas. “Converso”, en fin, es una película que merece la pena. Y sería eso, una pena, que por prejuicios, por pereza, o por lo que sea, te la perdieras. Yo ya la he visto, y volveré a verla, para interiorizarla, para saborearla de nuevo, para volver a reír, a llorar, y para, por qué no, tratar de fortalecer mi débil fe.

Seas creyente, agnóstico o ateo, te animo a acercarte al cine a conocer a la familia Arratibel. Quizá te lleves algo bonito a casa. Y si no, si no te gusta tanto como a mí (y como a los jurados que ya la han premiado)… sólo habrás perdido una hora de tu vida, que es lo que dura la película.

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III Premio Gavia Negra

Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro. Emily Dickinson.

Ayer, lunes 25 de septiembre, tuvo lugar la presentación de la novela “Contra Mundum”, en el café Libertad 8. En el mismo acto se hizo entrega a su autor, Alejandro Rubio Sánchez (o sea, a mí), del premio Gavia Negra. La encargada de entregar el premio fue la afamada actriz Arantxa de Juan.

El acto, presentado por el escritor y editor Javier Puebla, fue todo un éxito. En el local no cabía un alma, y los presentes agotaron por completo la primera edición de la novela. Javier puso en el escenario toda su genialidad, y la emotividad corrió a cargo del escritor premiado. Entre los dos hicieron magia, magia de la buena. A ello contribuyó el numeroso público, participativo, alegre, expectante, agradecido, muy agradecido.

En definitiva, una tarde-noche excepcional de la que todos disfrutamos como la ocasión lo merecía.

Quiero agradecer a todos los presentes la compañía y el calor que me brindaron en un momento tan especial para mí, y brindo con vosotros porque esta sea la primera de muchas.

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Contra Mundum

Beati mites, quoniam ipsi possidebunt terram

El lunes estreno mi primera novela, Contra Mundum. Una novela en la que están presentes algunas preguntas como, ¿hasta qué punto el fin justifica los medios?; ¿es posible encontrar el bien en este mundo?; ¿existe la verdad?; ¿qué es la belleza? Una novela en la que también está de fondo algo que a menudo perdemos de vista: los actos tienen consecuencias.

Invito al lector a que no se quede en la superficie. Que sea capaz de leer entre líneas, de bucear en la profundidad de lo que ocurre en cada capítulo, pero sobre todo en el conjunto de la novela. Si lo hace, además de pasar un rato entretenido, se hará preguntas. Y cuando uno se hace preguntas, a veces obtiene respuestas.

El lunes 25 de septiembre, a las siete de la tarde, en la calle Libertad, 8. Madrid. Te espero.

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